domingo, 18 de junio de 2017

Control de armas

Australia sufrió en 1996 una terrible masacre en el enclave histórico de Port Arthur (Tasmania). Un desequilibrado utilizó varias armas de fuego para matar a 35 personas y herir a otras 23, antes de ser finalmente reducido por la policía. El país quedó conmocionado. Apenas unas semanas después de la tragedia, el parlamento aprobaba una nueva ley que endurecía las condiciones para adquirir y poseer armas automáticas y semiautomáticas. Hasta entonces los controles habían sido bastante tímidos. La nueva ley contó y sigue contando con el apoyo de los principales partidos. También contó con la oposición de lobbies como la Coalición Cristiana (que también se opone al matrimonio gay o a la comida halal, por poner algunos ejemplos) y, desde el otro lado del Pacífico, la poderosa Asociación Nacional del Rifle.

De hecho, aunque los australianos parecen satisfechos y orgullosos de su legislación, el debate surge de forma recurrente en América. De vez en cuando, especialmente cuando sucede alguna tragedia, alguien en Estados Unidos sugiere adoptar una ley "a la australiana", pero aquel país es incapaz de reaccionar.

Incluso aquí en Australia, tras 20 años, no hay unanimidad acerca del impacto de la ley. Diversos estudios ofrecen conclusiones completamente distintas. Los más optimistas dicen que los asesinatos con armas de fuego han descendido de 0.54 a 0.15 por cada 100,000 habitantes en estas dos décadas. Otros dicen que los datos no son conclusivos, o que la ley es poco efectiva porque los asesinatos con armas de fuego han descendido en la misma proporción que otros crímenes (digo yo que eso también habría que celebrarlo, en lugar de utilizarlo como argumento para menoscabar la ley). Incluso hay quien reconoce un fuerte descenso de los suicidios usando armas de fuego, pero señala a continuación que la tasa de suicidios se mantiene constante. Los suicidas simplemente han cambiado de método.

En los meses siguientes a la aprobación de la ley de 1996, el Gobierno destinó 230 millones de dólares para comprar armas de fuego a quienes quisieran entregarlas voluntariamente. Se recogieron y destruyeron 650,000 armas de fuego que felizmente no han causado ninguna víctima desde entonces. Probablemente una de las mejores inversiones jamás hechas por un gobierno. Aproximadamente el coste de 15 kilómetros de AVE en España, o la mitad del Calatrava de Oviedo. Sin embargo, se estima que quedan al menos otras 200,000 armas de fuego ilegales en Australia.

En los últimos años, Australia ha sufrido algunos incidentes terroristas. En Diciembre de 2014 otro perturbado solitario retuvo durante horas a 17 personas en el Lindt Cafe de Sydney hasta que fue abatido durante un asalto policial en el que murieron dos rehenes. En las horas posteriores a la tragedia, un senador australiano propuso rearmar a la población. Su argumento es que si alguno de los rehenes hubiera llevado armas encima, posiblemente podría haber liquidado al secuestrador en un momento de distracción. Incluso llegó a decir que estas cosas no pasan en EEUU (!!).

Esta semana de que el gobierno australiano ha anunciado que va a abrir un nuevo periodo de amnistía para entregar voluntariamente las armas, esta vez sin contraprestación económica. Se sospecha que una buena parte de estas armas están en una situación "gris". Por ejemplo, proceden de herencias o granjas. El gobierno invita a sus poseedores a entregarlas, sin hacer preguntas. También recuerdan que una vez terminada la amnistía, las penas por posesión ilegal de armas alcanzan los 280,000 dólares y 14 años de prisión. Lo que realmente me ha dejado perplejo es que el anuncio del gobierno relaciona la nueva amnistía con los casos de terrorismo. El argumento es que eliminando las armas, estaremos más seguros. ¡Por fin, algo de racionalidad en la política moderna! Ojalá esta iniciativa ayude a desarmar a la población y evite que "el rifle del abuelo" acabe en las manos del nieto o en el mercado negro.

lunes, 12 de junio de 2017

Tempe - Cronulla

La senda ciclista del río Cooks termina junto a Tempe y Wolli Creek. Allí enlaza con otra senda ciclista que rodea el perfil del estuario del río Cooks pasando junto a la terminal internacional del aeropuerto. Tras cruzar a la margen Sur y rodear el Muddy Creek, la senda llega a la amplia bahía de Botany Bay, no sin antes atravesar una zona con huertas en Kyeemagh, algo que me pilló por sorpresa ya no son muy comunes tan cerca de la ciudad. Allí comienza la larga playa de Lady Robinson, de unos 8 kilómetros.

Un gran puente de carretera cruza la desembocadura del George River. Al otro lado, la senda ciclista ya no está tan bien delimitada. Comparte algunos tramos con tranquilas zonas residenciales, aunque sigue perfectamente señalizada. Continuando junto a la bahía se alcanza finalmente Cronulla. En total son unos 25 kilómetros virtualmente llanos.





domingo, 23 de abril de 2017

Gerringong - Minnamurra

En 2014 quedé encantado con el paseo costero de 12 kilómetros entre Gerringong y Kiama, dos localidades a más de 2 horas en tren al Sur de Sydney. En realidad, la senda continua otros 10 kilómetros más, hasta Minnamurra. Hoy fui con un grupo para hacer el camino completo, y no solo la primera mitad como la otra vez.

Aunque había oido buenos comentarios sobre esta segunda parte del camino, me dio la impresión de que la forma de recorrerlo (en grupo, flexibilidad para detenerse o desviarse, y callejeando por el interior de algunas localidades en lugar de pasear por la playa) restó algo de atractivo a la ruta. Creo que voy a tener que volver alguna otra vez para visitar con calma las formaciones de roca volcánica que dejamos a un lado, y también los paisajes desde las playas. Además, hay un tramo de un kilómetro que se recorre por la acera de una autopista, y otro cercano a una depuradora, ambos un tanto desagradables. Por ahora, me quedo con el primer tramo, el que ya conocía. La parte más bonita del segundo tramo es la llegada a Minnamurra, con una bonita vista de su estuario.





lunes, 17 de abril de 2017

Engadine - Jannali

Otra ruta uniendo localidades al Sur de Sydney, en las proximidades del Royal National Park. Esta vez partí de Engadine (que ya he visitado alguna otra vez: 1 y 2) y descendí por la pista forestal del barranco de Loftus hasta llegar al amplio rio Woronora. Allí hay un bonito parque público rodeado de pintorescas casas junto a la orilla. Tras cruzar el rio y una zona residencial, llegué al extremo Oeste del viaducto de Woronora. Se trata de un imponente viaducto de autovía con trazado curvado en horizontal y vertical. Bajo la amplia plataforma del puente discurre una pasarela colgante para peatones y ciclistas. Una vez en la orilla Este, rodeé el barrio de Bonnet Bay (donde todas las calles tienen nombres de presidentes americanos) atravesando calles y alguna senda no muy bien mantenida. Finalmente llegué a la estación de Jannali, punto de partida de otras excursiones.





domingo, 2 de abril de 2017

El proyecto variante

El artículo de hoy está fuera del contexto habitual de este blog, pero no es completamente "off-topic" ya que el nombre del blog me da pie para hablar de la variante de Pajares. Esta infraestructura inacabada es uno de los temas que dominan la política, la sociedad y la economía asturiana desde hace más de una década. Todavía hoy, 13 años después del inicio de las obras y 7 desde el calado de los túneles, la fecha de apertura sigue a años vista, pese a la enorme inversión que ya triplica el presupuesto inicial (y contando).

Para comprender lo que sucede hay que examinar la política asturiana y nacional de las dos últimas décadas. Aunque la aspiración de reemplazar la formidable pero obsoleta rampa de Pajares había ocupado a varias generaciones, no fue hasta el comienzo del milenio, en plena fiebre de la alta velocidad ferroviaria y en un periodo expansivo de la economía, cuando los planes se concretaron. Desgraciadamente los políticos se ofuscan con el horizonte de la legislatura actual, y debieron pensar que este sería un proyecto de verano como el reasfaltado de una calle. También pensaron que podrían obtener réditos proporcionales a la colosal inversión, además de fama eterna. Pero una obra de esta magnitud requiere un compromiso entre legislaturas y entre sucesivos gobiernos de distinto color, algo que nunca existió. Con las obras recién comenzadas, los asturianos escucharon promesas de apertura en 2010, luego 2012, luego 2015...

La actual rampa de Pajares ha cumplido más de 130 años de servicio. No es descabellado pensar que su costoso reemplazo prestará servicio durante un periodo equivalente. Las decisiones que se tomen durante su diseño acompañarán a los asturianos durante varias generaciones. Por eso resulta sorprendente que las líneas maestras del proyecto todavía se encuentren sometidas a vaivenes en función de juegos políticos cortoplacistas como la votación de los presupuestos del Estado para los próximos 6 meses, o aún peor, al orgullo de algunos líderes. Me resulta increíble que una obra de miles de millones de euros comenzase a ejecutarse sin que existiera un amplio consenso político y social acerca de aspectos tan fundamentales como su capacidad para reemplazar a la antigua rampa (o sin un buen estudio geotécnico, dicho sea de paso). ¿Cómo pudo comenzar la excavación sin saber el uso que se va a dar al tubo?

Los asturianos han visto a sus políticos colgarse medallas "AVE", prometer fechas de apertura completamente imposibles, reprocharse falta de compromiso, recriminar a los técnicos por las filtraciones o los argayos o culpar a las constructoras. Lo que los asturianos no han visto en todo este tiempo ha sido un debate racional para contrastar posiciones bien informadas sobre las realidades del proyecto, y para obtener un compromiso unánime de completar las obras de acuerdo a un plan ampliamente consensuado.

Alguno de los elementos clave del debate deberían podrían ser los siguientes:

  • ¿Cuál es el plan para la vieja rampa? Si el plan es abandonarla debido a su obsolescencia, limitada capacidad y alto coste de mantenimiento, entonces la variante debe necesariamente absorber todos los tráficos, tanto pasajeros como mercancías. Si por el contrario el plan es continuar operando la vieja rampa al mismo tiempo que los túneles, ¿qué tipo de inversión es necesaria para que siga funcionando otros 100 años?
  • En esta esquina de Europa las mercancías solo pueden circular, al menos durante las próximas décadas, por ancho ibérico. Si los túneles se abren exclusivamente con ancho europeo, ¿cuál es el plan para las mercancías? ¿mantener la vieja rampa indefinidamente o invertir fuertemente en una red de mercancías de ancho europeo?
  • Realizar un tendido de ancho europeo en los túneles solo tiene sentido si se prolonga ininterrumpidamente desde León hasta Gijón. Poner cambiadores de ancho en la Robla y Pola de Lena es un capricho absurdo. Tender ancho europeo hasta Pola de Lena sin tener un plan sólido para prolongarlo hasta Gijón es un sinsentido que combina lo peor de cada opción. ¿Dónde está el análisis coste-beneficio?
  • ¿Son técnica y económicamente viables algunas de las opciones transitorias que se han barajado, como las traviesas polivalentes o abrir solo uno de los tubos? En caso de adoptarlas, ¿cuál sería el plan a largo plazo?
Dado el grado de indefinición e incertidumbre del proyecto, tal vez aún no sea tarde para tratar de llegar a un acuerdo y evitar ahondar más en el ridículo. De lo contrario, pronto llegaremos a una situación en que los trenes sigan sin poder atravesar Pajares por debajo porque medio túnel tenga ancho europeo y el otro medio túnel tenga ancho ibérico. Los asturianos presentes y futuros se merecen algo mejor que esto.

domingo, 26 de marzo de 2017

Patonga - Woy Woy

Esta ruta comienza en Palm Beach, a 90 minutos en autobús desde el centro. Es la localidad al extremo de las Northern Beaches. En lugar de ir hacia el Sur, esta vez cogí un ferry que cruza la amplia desembocadura del río Hawkesbury hasta la pequeña localidad de Patonga, a donde ya había llegado otra vez por otra ruta. En el muelle en medio de la playa comienza el camino, cuyo primer kilómetro es el más duro y estrecho, pues asciende por unos escalones hasta el borde del acantilado. Desde arriba se divisa una panorámica del estuario.

Los siguientes kilómetros consisten en un suave descenso por una amplia pista forestal hasta la localidad de Pearl Beach, también bastante aislada. Aquí las casas parecen haber crecido como parte del paisaje, rodeadas de vegetación. Esta playa de color dorado está más expuesta al océano, y pude observar un fuerte oleaje junto a la orilla.

Una senda permite sortear por abajo el siguiente acantilado y lleva hasta la amplia playa de Umina, que se prolonga hacia la playa de Ettalong. Esta zona está más urbanizada, aunque parecen predominar las segundas residencias y los jubilados. Siguiendo la costa se llega a Brisbane Water, un amplio estuario rodeado de pintorescas urbanizaciones. Una de las islas en el interior de este estuario se llama Pelican Island, y efectivamente los pelícanos abundan.

El camino continua por una sucesión de parques y pistas ciclistas. Aunque suene repetitivo, tengo que insistir una vez más en lo bien cuidados que están estos parques (parece que segaran cada noche) y la abundancia de equipamientos para disfrutar de las actividades al aire libre.

Finalmente, tras unos 18 kilómetros, se llega a la estación de Woy Woy para coger el tren de regreso a Sydney.







domingo, 12 de marzo de 2017

Bouddi

El parque nacional de Bouddi es una pequeña extensión de la costa justo al norte de la desembocadura del Hawkesbury, aproximadamente a una hora y media al norte de Sydney. Una senda que comienza en la amplia playa de Putty discurre paralela a la costa, en buena parte mediante un camino de madera, y permite observar curiosas formaciones geológicas y bonitos acantilados. La playa de Putty dispone de una zona de acampada muy bien equipada, incluso para los elevados estándares australianos.